jueves, 21 de enero de 2016

PALABRAS PARA PENSAR – el círculo vicioso del escritor



Leyendo Hyperion, de Dan Simmons...

¿Qué tienen que ver Hyperion y Sísifo?

En principio, prácticamente nada. Es lógico que así sea, pues... ¿qué habrían de tener en común una novela de ciencia-ficción contemporánea y una figura mitológica de la antigüedad? La conexión es casi inexistente. Un hilo delgado y sutil que se desvanece si tratas de aprehenderlo. Apenas nada. De hecho, unas cuantas palabras. Una única frase. Y el puente que gracias a ella a trazado la destartalada mente de este aprendiz de juntaletras.

¿Pero qué o quienes son Hyperion y Sísifo?

Sísifo fue un personaje de la mitología griega. Fundador y rey de Corinto, fue el padre de Odiseo (o Ulises). Intentó burlar a los dioses, pero estos lo castigaron. En el inframundo, Sísifo fue obligado a empujar cuesta arriba una enorme piedra por una empinada ladera, pero justo antes de alcanzar la cima, la piedra siempre rodaba colina abajo y Sísifo tenía que empezar de nuevo a empujarla. Así por toda la eternidad. 
  
Dan Simmons es un escritor estadounidense de ciencia-ficción, fantasía y terror. Su obra más famosa y que le proporcionó reconocimiento a nivel mundial fue Hyperion, publicada en 1989 y ganadora de los prestigiosos premios Hugo, Locos e Ignotus. A esta novela, que no tardó en convertirse en uno de los grandes clásicos contemporáneos de la ciencia-ficción, le siguieron luego tres más que constituyen la saga de Los Cantos de Hyperion. La saga recibe su nombre del poema épico inacabado Hyperion (1818), de John Keats, y la novela contiene numerosas referencias al romántico poeta británico. 

En la novela, que transcurre en un futuro siglo XXVIII, en el que la humanidad se ha extendido por toda la galaxia, dando lugar a la Red de Mundos, y la Tierra no es más que un lejano recuerdo. Siete peregrinos se dirigen al planeta Hyperion, a punto de ser atacado por las hordas de unos seres exteriores a la Red conocidos como éxters. Allí se enfrentarán a una criatura imposible, el Alcaudón, o Señor del Dolor, que algunos consideran una deidad y otros un avatar del inminente fin de la humanidad. 

Durante el viaje, y siguiendo una estructura narrativa similar a la de Los cuentos de Canterbury, el Decamerón o Las mil y una noches, cada uno de los siete peregrinos explica a los demás su propia historia y las razones que lo llevaron a tal extraña y letal peregrinación. 
Uno de esos peregrinos es Martin Silenus, poeta centenario, alcohólico, sátiro y medio loco que está convencido que ha sido su propio poema el que ha dado vida al apocalíptico Alcaudón, al que considera su musa, aunque ello haya provocado una ola de asesinatos violentos y esté a punto de aniquilar a la humanidad. 
 
Mientras cuenta su desquiciad historia, Silenus hace algunas referencias al oficio de escribir, que imagino son reflexiones del propio Dan Simmons sobre la creación literaria en particular. En una de esas reflexiones, el personaje de Silenus dice:

… ningún libro o poema se concluye, sólo se abandona

La idea quizá no sea original de Simmons, pues aparece como cita de otros autores. Pero sea quien sea el primer autor que la puso por escrito, es absolutamente cierta. Los que nos dedicamos a la inefable tarea de reunir palabras para crear historias sabemos que esas palabras expresan una de esas leyes universales a las que es imposible escapar.

Cuando por fin se ha dado a luz a ese primer borrador de la novela, llega una de las etapas más arduas y más placenteras del proceso de escribir: las revisiones. 

Siempre hay algo que modificar, que cambiar, que añadir o que eliminar. Un nuevo personaje secundario que introducir para redondear la historia, un capítulo en el que cambiar la ambientación, una descripción que resumir, una coma que desplazar. En cada revisión encuentras algo nuevo que poner o quitar. Si no tienes cuidado, quedas atrapado en la espiral de tu propia creación, pues una novela siempre puede crecer hasta el infinito. 

Así que llega el momento en que hay que decir, ¡se acabó! Hasta aquí llegó esta historia. Y empiezas a escribir la siguiente. 

Si no, acabarías tan loco como el pobre Martin Silenus.

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