jueves, 13 de diciembre de 2018

Zombieconomía - Lección 8ª (y última)

¿No comprendes el porqué de la crisis económica, el paro o los desahucios?

¿No acabas de entender porqué tu salario cada vez vale menos mientras las cosas cada vez cuestan más y tienen peor calidad?

¿Alguna vez te has preguntado qué es el dinero, de dónde viene y a dónde va?

¿Estás hasta la entrepierna de sentirte ahogado entre hipotecas, impuestos y recibos?

¿Estás cansado de seguir siendo un perdedor por mucho que te esfuerces?

La respuesta a tus preguntas es muy sencilla: estás atrapado en una jaula llamada el sistema monetario.

Apenas puedes percibirla, así que mucho menos podrás romper sus barrotes y alcanzar la libertad.


Leer la novela Iberian Park, la respuesta zombi a la crisis tampoco te ayudará a escapar, pero te ayudará a comprender un poco mejor la cárcel en la que vives.

A continuación, podrás disfrutar del octavo y último de una serie de fragmentos de la novela, a modo de pequeñas lecciones, que te mostrarán parte de esa MATRI$$$ en la que estás atrapado. Si las has seguido todas, quizá el cursillo te haya aprovechado o, al menos, te haya hecho pensar.



Política y Economía zombi

Lección 8

—En definitiva —dijo Mónica—, la estrategia del angelito consiste en ayudarse unos a otros. En solidaridad y apoyo mutuo. Que si al funcionario le rebajan el sueldo si falta al curro porque está enfermo, pues sus compañeros cubren su trabajo para que no se note la falta. Si al vejete no le llega para comprar todas las medicinas que necesita, pues los vecinos le regalan las sobras de pastillas y jarabes que tengan en casa. Frente a la avaricia e iniquidad de nuestros gobernantes, bondad y generosidad. Así de simple y así de complicado.

—¡Hum! Como teoría no suena mal. Pero mucho me temo que es imposible que funcione.

—¿Por qué?

—Porque aquí la gente no se ayuda, sino que se tira a la yugular del vecino a la primera ocasión. ¿Funcionarios cubriéndose las bajas unos a otros? ¡Ja! En dos minutos aparecería una legión de espabilados que intentarían aprovecharse de la situación. El escaqueo es nuestro gran deporte nacional.

Mónica dejó escapar un suspiro.

—Ese es el gran problema de nuestro país —dijo—. Nos comportamos como unos hijos de puta y luego pretendemos que nuestros gobernantes sean distintos.

Antonio no pudo menos que asentir. Eso, y darle otro trago al combinado de ginebra.

—¿Y cuál es la estrategia del diablillo? —preguntó Antonio.

—Según algunos activistas y blogueros antisistema, es lo que se llama violencia dirigida. Aunque también hay quien lo llama desobediencia responsable, que suena algo menos… violento —sonrió Mónica.

—Bonitos nombres —replicó Antonio con un levantamiento de cejas.

—Se trata de joder la marrana, como siempre, pero de forma calculada y con blancos específicos.

—Me estoy liando.

Mónica sacudió la cabeza. Sus ojos avellana chispearon y sus manos de pianista bailaron como mariposas de marfil.

—En vez de salir a la calle y quemar contenedores, o destrozarle el escaparate al tendero de la esquina, que es otro pringado igual que tú, te vas a joder a aquellos que te están jodiendo a ti —explicó Mónica—. Algunas de las propuestas lanzadas a la red son de lo más interesantes.

—¿Por ejemplo?

—Vete al chalé del gerifalte de turno y le jodes las ventanas a pedradas. Méate en el portal del apartamento de lujo de la ministra ágrafa que sólo se rasca el coño. Ráyale el coche oficial al secretario corrupto. Vete al colegio donde van los nietos del presidente del banco que engañó a los jubilados y les cuentas a los niños que su abuelito es un ladrón. Métete en toda boda, bautizo, comunión y mitin de cualquier político y se lo revientas. Échale un bote de pintura al abrigo de visón de la esposa del ministro.

—La mayoría de esos tipos tienen guardaespaldas y servicios de seguridad —dijo Antonio con una amplia sonrisa.

—Cierto. Pero ya hay antecedentes. Algunos colectivos han iniciado campañas de asedio a políticos, sobre todo del PEPE. A la presidenta de la comunidad de Madrid le asaltaron la casa. También al presidente de Extremadura y al ministro de justicia. Las fachadas de muchas sedes de partidos políticos están llenas de huevos un día sí y otro también. La gente abuchea a los políticos de cualquier signo si se los cruza por la calle. A más de un concejal le han calentado los morros a golpes. Los escraches, los acosos a nuestros queridos dirigentes, se han convertido ya en parte habitual de la vida política de este país. Es la manera en la que el pueblo se revuelve contra aquellos que lo están asfixiando. Los escraches, por ejemplo, serían un ejemplo moderado de la estrategia del diablillo. Greenfight tiene un departamento dedicado en exclusiva al acoso y hostigamiento personal de altos cargos públicos, banqueros y especuladores.

—El gobierno se ha apresurado a promulgar leyes prohibiendo los escraches.

—La cobardía es una de sus marcas de fábrica.

—Además, la violencia sólo genera violencia.

—Bueno, la parte de violencia en «violencia dirigida» no es por nada. Las hostias van a llover de todas formas, eso es seguro —replicó Mónica. Las chapetas en sus mejillas estaban a punto de saltar al infrarrojo.

—Serviría para rellenar el telediario, eso sí. Pero tampoco me convence. Los del 15M ya se cansaron de protestar y al final no sirvió de mucho.

—Muchos desahucios se han parado gracias a que la gente se plantó frente al sistema.

—Eso es cierto.

—Pues hay que seguir, Antonio. Es la única manera. Lo que pasa es que siempre acabamos por desinflarnos. Nos cansamos y nos desunimos. Pero mantenernos unidos y constantes es la única posibilidad que tenemos frente a esos malnacidos. Si no, seguiremos siendo meramente propiedad de unos cuantos.

Antonio asintió. Era de lo más sorprendente la pasión beligerante con que Mónica soltaba sus diatribas frente a todo lo que estaba mal en el mundo. Una persona que vivía prácticamente pegada a la pantalla de su ordenador, que apenas interaccionaba con otros seres humanos, excepto a través de un teclado, parecía estar profundamente preocupada por salvar a la humanidad. Quizás esa ansia de solidaridad era una respuesta frente a la soledad de la chica gorda. Aunque tiene unas manos preciosas, se dijo.

—¿Y tú qué estrategia sigues, la del angelito o la del diablillo? —preguntó Antonio.

Una sombra cruzó el rubicundo y rubenesco rostro de Mónica.

—Ninguna de las dos —respondió.

—¡Ah! —fue todo lo que Antonio acertó a replicar. Se preguntó si había cruzado alguna línea roja que no supo ver.

El silencio volvió a planear entre los vasos vacíos. Pero esta vez no era un moscardón, sino un pterodáctilo de alas membranosas.

—Hace mucho tiempo que comprendí que la única manera de sobrevivir no es ni enfrentándote a ellos ni jugando su juego —dijo Mónica al fin—. Sino desapareciendo. Escondiéndote bajo la línea del radar. Desplazándote con sigilo entre las ranuras del sistema. Soy un pequeño ratoncillo que corretea por los huecos de los tabiques y los conductos de ventilación.

—¿Por eso dejaste los estudios?

—Claro. Nos engañaron, Antonio. Pensamos que las miserias y las penurias eran cosa de nuestros abuelos. Que todos tendríamos un chalet con piscina, un cochazo y un marido guapo y elegante. Así que estudiamos y nos hicimos ingenieros, abogados, médicos, investigadores, matemáticos. Íbamos a tener carreras de éxito y disfrutaríamos de la buena mesa y la música de moda. Entonces nos dimos el gran bofetón. Apareció un monstruo de siete cabezas echando hipotecas subprime por la boca y nos dimos cuenta de que el baile se había acabado y ya no había sillas para nadie. Mientras, la nobleza de ricos y banqueros viven una nueva Edad Media en sus latifundios capitalistas. Y nuestros padres, que se sacrificaron para que sus hijos cumpliesen sus sueños de prosperidad, nos ven ahora asomando la cabeza entre los añicos del sueño roto.

Antonio enarcó las cejas. Mónica debía de escribir y leer ese tipo de frases y citas mil y una veces para soltarlas así en una conversación.

—Perra vida —fue todo lo que se lo ocurrió decir.

—Por eso dejé la carrera. No estaba dispuesta a joderme los mejores años de mi vida por un futuro que hacía ya mucho tiempo se veía claro que nunca iba a llegar —dijo Mónica.

—Haces bien.

—Claro que sí —replicó Mónica con un hondo suspiro—. Nos engañamos, Antonio. Para la mayoría de la gente, en los momentos más felices de su vida no aparecen coches caros ni casas enormes. Lo que en realidad nos importa son otras cosas. No hay ningún momento de la felicidad que nos quisieron inculcar que puede rivalizar en plenitud con una humilde cena con vino barato, en vasos de Nocilla, y después acabar el día con una mano amorosa y confiada posada en tu pecho antes de rendirte a Morfeo.

Antonio tragó en secó y notó que un pellizco se le agarraba en la boca del estómago. ¿En brazos de quién te rendiste tú a Morfeo, Mónica? Pero no se atrevió a hacer la pregunta en voz alta.

—Cada vez somos más los de nuestra generación que vamos descubriendo en qué consiste en realidad la felicidad y la perfección. Heredamos unos conceptos equivocados de nuestros padres, tan equivocados como nosotros, y eso nos confundió al principio. Pero finalmente, y gracias a nuestro bagaje y nuestras experiencias, muchas veces dolorosas, estamos llegando a nuestro propio conocimiento de la base de la felicidad. En nosotros está el luchar por nuestras ideas o por las de ellos.

[...]


https://relatosdejuannadie.blogspot.com.es/2014/07/iberian-park-la-respuesta-zombi-la.html
Fragmentos de la novela IBERIAN PARK, la respuesta zombi a la crisis, en concreto los correspondientes los capítulos Palco.6 y Palco.7.

Una novela única que te permitirá contemplar la realidad en que vives (el sistema monetario) desde una perspectiva diferente.

Y sí, es una novela de zombis. Así que encontrarás tripas y sesos desparramados a mansalva. Y muchas otras cosas más que no te imaginas.

Pincha en la portada de la novela si quieres saber más.


Si te atreves, aquí puedes disfrutar del booktrailer.

Puedes encontrar la novela tanto en formato papel como electrónico y también en Amazon

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