martes, 10 de enero de 2017

El estado de la autopublicación en 2017

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Traducción al español del artículo «The 2017 State of Self-Publishing» publicado en inglés el 4 de enero de 2017 en el blog Good e-Reader por Mercy Pilkington.
No hay ánimo de plagio, ni de lucro, en esta traducción, sino de respeto y admiración. El artículo me pareció lo bastante interesante como para decidir que merecía la pena traducirlo y ponerlo así al alcance de aquellos amantes de la escritura y la lectura que no dominan la bella lengua de Shakespeare. Espero que ni Mercy Pilkington ni Good e-Reader se enfaden por ello (si alguna vez llegan a saber de mi existencia, claro).
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Han pasado veintidós años desde que Jeff Bezos colocó la primera piedra en Amazon, y doce años desde que su compañía liberó el Kindle al mundo. Sólo tres años más tarde, el gitante del comercio minorista y la publicación lanzó una plataforma que cambió verdaderamente la manera de publicar, para bien o para mal.

De 2007 a 2017, en una evolución a un ritmo alucinante, mucho ha cambiado sobre como comprar y publicar libros, e incluso sobre los métodos de escritura. Podemos dar las gracias a Bezos y a sus amigos por una buena parte de esta innovación, aunque muchas otras compañías tuvieron un papel importante en la configuración del estado actual del mundo de los libros. Nombres como Sourcebooks, Wattpad o Bibliocrunch, por nombrar unos cuantos. Algunos de los grandes nombres en la industria editorial empezaron a usar estrategias similares en un esfuerzo, demasiado a menudo en vano, para mantenerse al día y competir, mientras que otros miraron alrededor buscando lo que todavía faltaba en la industria y produjeron sus propios modelos innovadores.

Pero diez años después de que el primer modelo auténtico de autopublicación viable y a gran escala despegara, ¿hasta dónde hemos llegado realmente? Muchos de los grandes nombres del mundo de la edición y venta independiente de libros cerraron sus puertas este año. Muchas entidades relacionadas con los libros aún se mantienen a distancia de las obras autopublicadas. Las bibliotecas y las librerías siguen siendo el Santo Grial para los autores sin un gran patrocinador. Hace tan sólo cinco días que se publicó en el Huffington Post un artículo titulado «Auto-publicación: un insulto a la palabra escrita», escrito por una autora «real», que no tardó en tener que pedir disculpas por su ignorancia, en medio de amenazas de muerte y de rebajar la clasificación de sus libros.


En enero de cada año, se nos promete que este será el año del cambio, el año en que los libros se normalizarán sin importar quien los escriba o como se publiquen. Se nos asegura que cada modelo de publicación ha producido sus best-sellers y sus porquerías mal editadas y apenas legibles. Se nos dice que por fín se producirá la aceptación plena de la autopublicación, que se subirán al carro un mayor número de autores tradicionales, y que habrá aún más tecnología para equilibrar el sistema. Y al igual que cada año desde 2007, todos seguimos esperando...
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Spanish translation of the article "The 2017 State of Self-Publishing" published in English on January 04, 2017 at August 27, 2015 at Good e-Reader blog page by Mercy Pilkington.
There is no intention of plagiarism, or profit, in this translation, bu of respect and admiration. The article seemed so interesting that I decided it wat worth traslating it and thus make it availablo to those who love writing and reading but do not speak the beautiful language of Shakespeare. I hope that neither Mercy Pilkington nor Good e-Reader get upset about it (if they ever come to know of my existence, of course). 
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jueves, 5 de enero de 2017

El fetichismo en los tiempos de la crisis (relato)


En vísperas de Reyes, que mejor tema para meditar que la intolerable tiranía que nos impone el poderoso caballero don dinero.
Pues llevamos demasiados años sufriendo la inútil, sanguinaria y fantasmal crisis económica  que sacude nuestra civilización. Y lo que todavía nos queda por sufrir puede ser algo inenarrable.
Nos ha obligado a trastocar nuestros valores, tragarnos en seco nuestras repulsas y largar de una patada nuestros sueños y aspiraciones.
Ha trastocado todos los aspectos de nuestras vidas. Incluso aquellos más íntimos y que más reacios somos a confesar.
Aquí tienes de nuevo este relato corto de Juan Nadie que narra, en clave de humor negro (muy negro), como esta maldita crisis puede llegar a cambiar nuestras vidas.
Si pinchas en la portada, podrás leerlo en Wattpad.
Si pinchas aquí podrás bajarte el PDF totalmente gratis.

Que lo disfrutes.

https://www.wattpad.com/story/22375093-el-fetichismo-en-los-tiempos-de-la-crisis

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EL FETICHISMO EN LOS TIEMPOS DE LA CRISIS

Allí estaba ella otra vez, de espaldas a mí, a la espera en la puerta del hotel, como siempre. Desde la garita acristalada a la entrada del parking subterráneo no conseguía verle la cara, pero disfrutaba de una vista magnífica de esas piernas largas y esbeltas. Unas piernas de infarto, siempre enfundadas en unas sedosas medias negras que a la vez mostraban y ocultaban la piel caliente y suave bajo ellas. Una invitación a la caricia, al éxtasis; una insinuación del mundo de placer y lujuria que se escondía entre esas nalgas cinceladas con sublime perfección. La costura posterior de las medias corría a lo largo de las sinuosidades del muslo, se curvaba en el delicioso espacio de la corva, y se arqueaba con sensualidad sobre la pantorrilla, para acabar perdiéndose en el talón de unos pies siempre enfundados en maravillosos zapatos con tacón de aguja.
El vestido variaba de una vez a otra, aunque siempre eran vestidos ceñidos, muy cortos, que mostraban sin ambages la esplendidez de su trasero, la inigualable curva de ánfora de sus caderas. Pero las medias nunca faltaban. Siempre medias negras con costura, perturbadoras y adorables, cubriendo con delicadeza la perfecta armonía de unas piernas perfectas.
Una vez, un día caluroso en el que llevaba una falda plisada deliciosamente corta, se agachó un momento y pude entrever en un fugaz instante el liguero que sujetaba con mimo el encaje de la liga. Tuve una erección casi instantánea, que apretaba desvergonzada contra la bragueta de mis pantalones. Justo en ese momento, un maldito coche se paró al lado de la garita. Lo conducía una señora mayor. La muy torpe estacionó el coche demasiado lejos de mi ventana y no alcanzaba a darme el ticket del aparcamiento. Tuve que salir de la garita y acercarme al vehículo. La vieja se dio cuenta que yo iba con la tienda de campaña puesta, desde luego. No me importó lo más mínimo. Mi mente estaba ocupada por completo con esas medias negras.
No me las podía quitar de la cabeza. Pensaba en esa mujer a todas horas. Ver esas piernas de ensueño enfundadas en sus medias oscuras eran los mejores momentos en este trabajo de mierda como vigilante de aparcamiento; el único que había conseguido desde que me echaron de la oficina.
Ella empezó a aparecer por el hotel poco después de que yo comenzase mi trabajo en la garita. Venía dos o tres veces por semana. Siempre se quedaba allí, a la entrada de la rampa que conducía al aparcamiento, a la espera durante unos minutos. Entonces sacaba el móvil y, tras una corta conversación, se dirigía al interior del hotel. Su indumentaria y sus visitas regulares no dejaban dudas acerca de su profesión. Los clientes del hotel eran en su mayoría hombres de negocios de paso por la ciudad. Tipos que requerían los servicios temporales de mi diosa de las medias negras para mitigar su soledad. A juzgar por los terriblemente caros coches de alquiler del aparcamiento, a esos tipos tenía que salirle la pasta por las orejas. El inaccesible objeto de mis ensoñaciones eróticas debía ser de las caras. 
Siempre se paraba de espaldas a mi garita y ni una sola vez se giró. Un par de veces volvió la cabeza hacia un lado y estuve a punto de ver su perfil, pero nunca llegué a percibir con claridad su rostro. Yo fantaseaba como serían las facciones de la meretriz de mis sueños. Imaginaba unos ojos grandes y oscuros, con voluptuosas pestañas, los labios carnosos e invitadores, maquillados con rojo carmín, quizás un lunar sobre el labio que le daría un puntito de exotismo y picardía. Pero no me importaba. Esas piernas y esas medias negras eran todo lo que yo podía anhelar. Las piernas siempre han sido la parte de las mujeres que más me ha atraído. Unas piernas bonitas y un buen culo y soy feliz. De hecho, las piernas fueron una de las razones por las que me casé con mi mujer.
No podía dejar de sentirme un poco culpable, de experimentar un retortijón de remordimientos. Si Felisa y las niñas supiesen que tenía fantasías eróticas con una prostituta a la que nunca había visto la cara, pensarían que me estaba convirtiendo en un viejo chocho. Incluso a veces, cuando hacía el amor con mi esposa, me sorprendía a mí mismo pensando en la mujer de las medias negras. Claro que en los últimos tiempos las relaciones con Felisa no eran todo lo frecuentes que solían ser; muy a menudo, ella se encontraba cansada y sin ganas.
La odalisca de las medias negras se había marchado hacía ya un buen rato. Imaginé que acudió al mandato de su cliente del día al interior del hotel. Entonces sonó el teléfono de la garita. Una llamada de arriba. De vez en cuando requerían mi ayuda en las cocinas, para transportar algo o descargar algún camión de suministros.
Dejé la barrera del parking levantada y entré en el hotel por la puerta principal, que es la que me pillaba más cerca.
Al entrar en el recibidor me paré en seco. Ella estaba allí, de espaldas a la puerta, hablaba con un tipo elegante y bien trajeado que supuse era el cliente con el que acababa de estar. Las medias negras eran un canto a la belleza femenina en medio de la decoración funcional del vestíbulo. El hombre se despidió de ella con un beso en la mejilla y un apretón en el culo.
Sentí una punzada de celos al pensar que ella había estado con ese tipo. Pero no me importó. Por fin iba a verle la cara, a conocerla. Caminé con deliberada lentitud a través de la pesada moqueta. Quería tener el tiempo suficiente para verla bien de arriba abajo. Ella se llevó la mano al lacio cabello, obviamente una peluca, ajustándoselo sobre los hombros y empezó a girarse hacia donde yo me encontraba. Sentí como el pulso se aceleraba, el corazón desbocado como un corcel. El mágico momento estaba a punto de llegar.
Cuando le vi la cara se me cayó el alma a los pies. Nuestras miradas se cruzaron y el universo se detuvo entre ambos durante unos segundos eternos.
—¿Felisa? ¿Eres tú? —dije con un nudo en la garganta.
—¡Paco! ¿Qué haces tú aquí? ¿Y con ese uniforme?
—Trabajo de vigilante en el aparcamiento.
—¿Y tu trabajo en la gestoría?
—Me echaron hace casi un año. Ya sabes, recorte de plantilla.
—Ahora entiendo lo del préstamo.
—¿Y tú qué demonios haces en este hotel, Felisa, y vestida así?
—De alguna forma hay que pagar la hipoteca y el colegio de las niñas, Paco.
Nos miramos con tristeza durante unos instantes.
—¿Qué hay de cena esta noche? —dije al fin.
—Bacalao al pilpil.
—Bien. Hasta la noche entonces.
 
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© Juan Nadie, Planeta Tierra, 2014
Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual de Safe Creative con el número 1009277450319.
Todos los derechos reservados. All rights reserved.
Ilustración de la portada: fotomontaje del autor. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

La onírica búsqueda de la musa perdida (relato absurdo para fin de año)


El año se acaba y de súbito nos invade la angustia por todo aquello que no terminamos, que no cumplimos, o que ni siquiera iniciamos.

El lamento por esas musas que no llegamos a encontrar, o que quizá no nos molestamos en buscar.
Pero hablar de las musas no es más que otro eufemismo para nombrar aquello que desconocemos: los intrincados procesos neuroeléctricos que ocurren en el cerebro de un escritor en el transcurso de la creación de su obra.
Un infinito de conexiones que a poco que nos descuidemos nos llevarán hasta el abismo del absurdo y la imposibilidad.

Aquí puedes disfrutar de nuevo de este relato corto de Juan Nadie, que se adentra en los universos oníricos más allá de la conciencia.
Pincha en la portada y podrás leerlo en Wattpad.
También puedes descargarte aquí el PDF gratis.  
AVISO: la lectura de este relato puede dar lugar a conexiones neuronales inesperadas de efectos imprevisibles e inciertos.
https://www.wattpad.com/story/82615180-la-on%C3%ADrica-b%C3%BAsqueda-de-la-musa-perdida


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La onírica búsqueda de la musa perdida

Todos esos días que pasé sentado en la falda del mundo no sirvieron para nada. Intenté hacer de vigía, de oteador y de trampero, sin darme cuenta de que mi propia ceguera me impedía ver aquello que tanto deseaba encontrar. Esperé en vano y durante largo tiempo. Nunca pasó por allí y nunca habría de pasar. Debería haberlo sabido hacía ya mucho tiempo.
De nada sirven disculpas ahora, ni pretender que la negligencia no fue mía. Si bien es cierto que yo no elegí el estragado camino que me condujo a este lugar, también es cierto que las melindrosas circunstancias me empujaron sin piedad hasta el abismo del desacierto. Pero el último paso, ese salto en el vacío desde el borde del piélago, es total y exclusivamente responsabilidad mía.
Yo soy el dueño y señor de mis decisiones y el único condenado por ellas.
Ahora es demasiado tarde, no se puede volver atrás. Ni agua pasada mueve molino, ni beso perdido retorna a los labios. La ocasión está desperdiciada. La recompensa para los que fallan es ineludible: seguir buscando.
Hay muchos que se preguntan por qué la buscamos, por qué insistimos en esta exploración sin fin, en esta búsqueda sin pausa, en este empeño sin satisfacción. El porqué, aunque muchos no lo crean, es el anhelo de la sabiduría, no su hija bastarda: la vanidad.
La sabiduría que nos dice qué son las diferencias y nos muestra cómo establecer castas y tomar decisiones. La sabiduría que nos ha enseñado a pensar. Porque dime, pequeño mortal, ¿no estás de acuerdo conmigo en qué si fuéramos todos tontos, todos seríamos felices?
Tal vez en tu mente hayan surgido también las preguntas, las ansias y los desvelos. Ese husmeador sombrío que se retuerce en las oquedades del fondo, enzarzado en el perenne afán de sosegar una sed que nunca se apaga. Piénsalo con firmeza y, si hallas las respuestas, tal vez te encuentres a un paso de alcanzar la inmortalidad. Y quizá, sólo quizá, puede que no naufragues en la misma empresa en la que yo fracasé.
Sí, ¡yo he fallado en mi búsqueda! Esta vez no conseguí llegar a buen puerto. Pero ya da igual. Ya no tienen importancia ni el dónde ni el cuándo, ni el paso inexorable de los segundos sobre la esfera del reloj. Pues por muchas veces que caiga, el fénix siempre vuelve a remontar el vuelo. No se puede aniquilar aquello que es imperecedero. Aunque todo esto no deja de ser vana ilusión. Como siempre, el disimulo de la indiferencia es un buen aliado para compartir el peso del desengaño, aunque nunca elimina la losa del todo.
Ahora estoy en esa tierra de nadie, ese campo yermo y baldío que hay que atravesar sin remedio para llegar a la antesala de los frondosos huertos cargados de frutos. Es el no-tiempo entre el último segundo de vida de aquello que nunca vendrá y el primer instante de la no-muerte de lo que está a punto de surgir. Un tiempo atemporal, un espacio sin lugar, una enormidad minúscula que se hace insoportable como una página en blanco.
En este reino difuminado de las glorias caídas bajo el intolerable yugo de los gusanos devoradores de despojos retóricos, con el fin de la esperanza a mis espaldas, trataré de hurtarme al advenimiento de la apatía que intenta apuñalarme en el pecho. Entonces, mi brumosa sangre hecha de palabras se derramará a borbotones por las babeantes fauces del monstruo del sueño eterno, que camina sobre el crepúsculo y atraviesa mi cerebro con los miles de agujas punzantes de relatos de placer y de dolor. Cuando el orgasmo cósmico llegue a su cenit y la cópula entre el bien y el mal se conviertan en un fuego plasmático que devora las entrañas, se producirá la germinación planetaria de la sustancia nunca antes vista, nunca antes escrita. Y la fama y la gloria, que marchan cogidas de los cabellos, serán empaladas entre la basta superficie de la miseria y la iniquidad. Cuando la trascendencia pase a ser intrascendente y la primigenia luz blanca limpie los profundos poros de las circunvoluciones del espíritu, la preeminencia de la imaginación destacará como un faro encendido sobre el putrefacto y pestilente mar de los sargazos, hecho con los millares de cadáveres de todas las historias que nunca fueron.
Entonces las cenizas del pájaro de fuego volverán a brillar de nuevo.
Abriéndose paso entre los escombros aparecerá la inspiración, subida a horcajadas entre la obscenidad y el refinamiento, lo que proporcionará un renovado aroma de estrellas y pintará de color engaño las mentes vacías de los idiotas que se arrastran en el fango.
En ese momento, cuando la prostitución de la creatividad haya alcanzado el grado de máxima incoherencia, se producirá el estallido inconformista de las voces de los viejos árboles sabios, que hunden sus raíces en las longevas líneas de la experiencia, intentando una vez más mover el atascado engranaje de la mente, sortear el malfuncionamiento crónico de las articulaciones efímeras que mueven los instintos.
Cuando por fin la brutalidad abra su vientre para ser fecundada por la racionalidad y de a luz la inconmensurable grandeza de la inteligencia, cuando la verdad aparezca clara y distinta, cuando el absurdo y la cordura se hagan entendibles, cuando la última gota del lago esté a punto de secarse, entonces, y sólo entonces, una nueva aurora acariciará mis cabellos con sus rosados dedos. Y una vez más, de puntillas y con sigilo, la espora del conocimiento será lanzada a la inmensidad oceánica del transcurso de los tiempos.
Sentado en la falda del mundo, miro a lo lejos.
Sólo los que buscamos lo sabemos, pero en la más alta cumbre de la montaña de los olvidados se encuentra el diccionario de las palabras ciertas, muchas veces erradas por las zancadillas de los microbios de la farándula. Pero rodeando el monte se encuentra el bosque de las liturgias y las palabras santas, que enredan a todo aquel que intenta pasar, ahogándolo y arrojándolo al pozo de la fe incuestionable. Los muy pocos que han logrado salvar las barreras y llegar al libro, han encontrado que no hay una sola palabra irrefutable en sus cientos de páginas. Nada es cierto ni absoluto. El bien y el mal no existen; el blanco y el negro son colores imposibles. Sólo la mutable opinión permanece.
Por eso las hojas del libro están vacías, impolutas y desiertas, salvo la primera. En ella, con menuda y curvada letra, en una esquina, y apenas resaltando sobre la amarillenta blancura del pergamino, alguien escribió: «...es, no es...».
Cierro el libro y me limpio las babas de los gusanos que se han quedado adheridas a mis ropas. Regresaré al origen, me digo a mi mismo. Al principio y al fin de todo. Al camino mil veces transitado y nunca recorrido por segunda vez. Hay un mundo entero de páginas que llenar y una multitud de personajes que engendrar. Y para ello necesitaré la ayuda de todos los manantiales de ingenio que las etéreas deidades tengan a bien poner a mi alcance.
Es hora de empezar a buscar de nuevo.

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© Juan Nadie, Planeta Tierra, 2016.
Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual de Safe Creative (www.safecreative.org) con el número 1608248997695, con fecha de 24 de agosto de 2016.
Todos los derechos reservados. All rights reserved.
Ilustración de la portada: fotomontaje del autor.