jueves, 12 de enero de 2017

Lectura en frío

Abotargados todavía por el ritual consumista y cuasireligioso impuesto por la costumbre en las pasadas festividades, y encontrándonos en el comienzo de un nuevo año, lo que no deja de ser una división del tiempo anual totalmente arbitraria que nos marcamos a nosotros mismos, es quizá un buen momento para reflexionar sobre ciertas ideologías y formas de pensar que parecen crecer en popularidad en los últimos tiempos.

Hablamos de las pseudociencias, esas creencias o prácticas que se presentan como  si tuviesen una base científica, o más o menos probada, pero que en realidad no han sido probadas en ningún momento ni lugar y no siguen un método científico válido. Es decir, no se pueden comprobar o no se han comprobado de manera fiable.

No presentamos hoy, pues, un relato ni un fragmento de novela. No se trata de un trabajo de ficción como los que suelen aparecer en este blog

Se trata de un pequeño ensayo que, por diversas razones que las circunstancias así conjuraron, escribí sobre las pseudociencias. En concreto, sobre una técnica de videncia muy común conocida como lectura en frío.


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Lectura en frío

¿Qué es la lectura en frío?
Para Ivón A.C., la adivinación, la videncia, el Tarot, siempre fueron temas a los que se aproximó con un respeto solemne. Los consideraba otros caminos que ofrecían la posibilidad de ver más allá de lo acostumbrado, de lo meramente visible y perceptible. Una forma de abrirse paso a vivencias difíciles de explicar e inalcanzables de otra manera.
En un momento complicado de su vida, en el que necesitaba encontrar nuevos puntos de apoyo, Ivón decidió acudir a la consulta de Michelle, vidente, psíquica y pitonisa, de la que supo a través de una amiga común interesada en los temas esotéricos.
Aunque acudió con cierto recelo a la cita concertada con la vidente, Ivón se vio gratamente sorprendida ante la certeza y claridad con que Michelle fue capaz de analizar su complicada situación en aquel momento. La exactitud en las interpretaciones y la precisión en las predicciones de Michelle hicieron que Ivón acudiese repetidas veces a la consulta durante un periodo de varios meses.
No resultó un proceso nada barato
Pero las predicciones, análisis y consejos aportados por Michelle resultaron de gran ayuda para Ivón, que a partir de ahí tuvo una mejor idea de cómo afrontar su futuro.
Hasta aquí, todos felices, ¿no es así? En principio, el proceso resultó satisfactorio en grado sumo para ambas partes.
Ivón recibió la guía y el consuelo que estaba necesitando, y Michelle vio cómo su cuenta bancaria engrosaba un poco más.
En realidad, Ivón fue la víctima inconsciente de una técnica llamada lectura en frío.
 La lectura en frío es una técnica mediante la cual alguien logra convencer a otra persona de que conoce mucho más acerca de ella de lo que realmente conoce. Una metodología utilizada por adivinadores, quiromantes, tarotistas, videntes, psíquicos y demás «profesionales» de las artes esotéricas. No se trata más que de un medio, perfectamente analizado y comprendido, a través del cual el vidente obtiene información sobre sus clientes, atribuyéndose este conocimiento a la posesión de supuestas capacidades psíquicas o paranormales.
Un vidente experimentado en las técnicas de lectura en frío, aún sin tener ningún conocimiento previo sobre la persona, puede conseguir de forma rápida una gran cantidad de información de la misma, mediante el análisis meticuloso de su lenguaje corporal, su forma de hablar, ropa, apariencia, edad, sexo, nivel educativo, etc.
A medida que va «leyendo», el adivino calibra sus juicios según las reacciones corporales inconscientes del sujeto ante las supuestas predicciones.
Como muestra, un botón. En este video puedes encontrar unos cuantos trucos de vidente para ligar:

Convertirse en médium en cuatro simples pasos
Aunque pueda parecer un proceso complejo, la lectura en frio es en realidad una técnica muy simple. Consiste en decirle al sujeto que realiza la consulta una serie de frases obvias y generales, aplicables a cualquier persona, e ir entresacando la información veraz mediante la retroalimentación basada en las respuestas verbales o corporales del sujeto. No se trata más que de un hábil y sutil proceso de tanteo a través de los aciertos y desaciertos en los que el adivino va incurriendo.

Se pueden distinguir en el proceso una serie de fases bien delimitadas.
Primero, es necesario realizar un análisis visual de la persona en el momento que ésta entra en el local habilitado para la sesión psíquica. Este análisis puede comprender desde evaluar la forma de caminar del individuo, sus movimientos, su forma de sentarse, de interaccionar con la mirada, de hablar, de actuar, la vestimenta que lleve, adornos y complementos, su aspecto físico en general, etc.
Después vendría la lectura del carácter de la persona. En esta fase se deben usar con astucia los datos obtenidos en la primera fase, y utilizar una buena dosis de ambigüedad e ideas halagadoras para ir entresacando más información sobre el sujeto. Así el adivino diría frases como «Es usted una persona muy inteligente», «Es una persona tímida, pero a veces atrevida», «Tiene un gran potencial» y demás. En cada frase, el supuesto psíquico debe estar atento a las reacciones gestuales del sujeto, profundizar en los aciertos y disimular u obviar los fallos. De esta forma se gana credibilidad ante el cliente, al que en este punto se lo podría llamar sin demasiados reparos la víctima.
La tercera fase de la lectura en frío consiste en tender las redes, en emitir afirmaciones vagas para sonsacar información más precisa del sujeto. Basándose en la información obtenida en las dos fases anteriores, se pueden aventurar descripciones más o menos ambiguas para obtener datos aún más concretos y acertados. En el momento en que se detecta una respuesta positiva, demostrada por una respuesta verbal o corporal de la víctima, el vidente debe reforzar su acierto. En caso contrario, debe desviar la atención del fracaso, ya sea restando importancia a lo dicho o alegando que «aunque aún no ha sucedido, pronto sucederá», o alguna frase evasiva por el estilo. El objetivo en esta fase es ganarse la complicidad y cooperación del sujeto.
La última fase sería la predicción del futuro. A estas alturas de la sesión, el vidente ya ha obtenido cierta información de su víctima, y cuenta con la credulidad y el asombro de la misma. Es la etapa más relajada, pues sólo hay que jugar con probabilidades. Se pueden hacer previsiones generales del tipo «El próximo año padecerá una enfermedad» (lo que le suele ocurrir a la mayor parte de la gente, aunque se trate de un simple resfriado), o «En breve emprenderá un nuevo proyecto» (otro evento bastante común, sobre todo si no se especifica nada sobre el mencionado proyecto). Cualquier afirmación de este tipo será aceptada por la víctima sin ninguna dificultad.
Para realizar una efectiva lectura en frio, el psíquico debe de reunir una serie de cualidades.  
 Por supuesto, debe tener un buen sentido de la observación y un buen juego de palabras. Nunca deberá aceptar que ha cometido un error de predicción, sino que tratará de esconderlo hasta donde pueda. En la mayoría de los casos, el truco consiste en llevar al sujeto a un campo donde no pueda verificar la veracidad o falsedad de la afirmación hecha por el adivino. En resumen, usará en su desempeño la dramatización y el empleo de frases evidentes, ambiguas e imposibles de verificar. 
Uno de los elementos cruciales para conseguir una buena lectura en frío es que el sujeto sea crédulo y esté ansioso por encontrar conexiones entre las palabras del adivino y sus propios recuerdos y vivencias. De esta forma, la víctima interpretará afirmaciones vagas que apoyen las supuestas predicciones del adivino. Puesto que la mayoría de dichas afirmaciones son positivas y halagadoras, es fácil conseguir que la víctima coopere y proporcione al adivino los datos necesarios para reafirmar los supuestos «poderes» del psíquico.
El proceso de la lectura en frío ha sido tan claramente puesto al descubierto que incluso el psicólogo Michael Shermer, editor de la revista Skeptic, llegó a publicar el decálogo de cómo convertirse en un buen vidente, en el que critica con gran ironía este tipo de prácticas.
Aquí puedes ver cómo el mago James Randi explica el verdadero funcionamiento de los poderes psíquicos:

Dicho todo lo anterior, es innegable que una inmediata duda nos asalta.
Si la lectura en frío no es más que un simple engañabobos fácilmente refutable, ¿cómo es que tanta gente parece caer en sus redes? A juzgar por el número de anuncios de supuestos psíquicos y videntes en los medios de comunicación, se podría incluso pensar que se trata de una industria floreciente. 

El efecto Forer: halágame y acertarás
Uno de los factores que nos ayuda a explicar la aparente ingenuidad y credulidad del gran público es el llamado Efecto Forer.
El Efecto Forer, también llamado falacia de la validación, es el hecho corroborado de que las personas dan altos índices de acierto a descripciones de su personalidad que en teoría han sido realizadas específicamente para ellos, pero que en realidad son afirmaciones vagas y generales que se pueden aplicar a un amplio espectro de personas.
Esta es, por ejemplo, la base a la hora de confeccionar los horóscopos que aparecen en muchas publicaciones de la prensa escrita.
El nombre viene de los estudios del psicólogo Bertram R. Forer. En 1948, el profesor Forer realizó un sencillo experimento. Les entregó a sus alumnos el resultado de un supuesto análisis de personalidad que había realizado para cada uno de ellos. Luego les pidió que puntuaran el análisis según lo acertado o no que hubiese sido. Las puntuaciones fueron sorprendentemente altas en todos los casos. Entonces el profesor Forer reveló el secreto. En realidad, les había entregado a todos los alumnos el mismo texto, que no era más que un pastiche de distintos horóscopos sacados del periódico.
Para que el Efecto Forer ocurra, son necesarios dos factores primordiales.
Por un lado, las descripciones dadas al sujeto, además de ser necesariamente vagas, deben hacer hincapié en los rasgos positivos del mismo.
Segundo, el sujeto debe creer en la autoridad de la persona que está realizando el análisis. El sujeto, ya predispuesto a priori a creer en la descripción, leerá la misma aplicándole su propio significado subjetivo, y percibiéndola como «personal».
Diversos estudios han demostrado que el Efecto Forer es bastante universal, pues se ha observado en personas de diferentes culturas y regiones geográficas. También se ha comprobado que las personas con creencias en lo paranormal son más susceptibles al Efecto Forer. Pero incluso personas escépticas al mundo de lo esotérico muestran también la tendencia a aceptar como personales descripciones vagas, siempre que estas sean halagadoras.
Es lo que se llama un sesgo cognitivo. En este caso, el sesgo consiste en que la persona acepta como propios los atributos positivos, mientras que rechaza de plano los negativos. 

Los sesgos cognitivos son algo inherente a la forma de funcionar del cerebro humano. Nuestros cerebros están programados para buscar coincidencias, para estableces procesos de causa y efecto, para de esta forma desentrañar patrones que nos ayuden a comprender el entorno en el que vivimos y aumentar nuestras posibilidades de supervivencia. Resulta lógico pensar que siempre sería conveniente saber de antemano de donde puede venir el peligro para así poder evitarlo. El problema es que a menudo vemos, o pensamos que existe, una relación causal, cuando en realidad se trató de una simple coincidencia.
Por otra parte, los seres humanos tenemos la tendencia innata de filtrar los datos que nos llegan, para quedarnos con aquellos que coincidan con nuestros conceptos previos y nuestra forma de pensar. Es lo que se llama un prejuicio cognitivo. Por eso aceptamos, e incluso creemos, las palabras de los políticos que comparten nuestra tendencia ideológica, mientras que desconfiamos de lo que dicen los demás. De igual forma, aquellos que creen en la existencia de poderes psíquicos, creerán lo que un supuesto adivino les diga, pues ya están predispuestos a ello.
Esta forma de trabajar del cerebro humano tuvo, sin lugar a dudas, un gran valor como elemento positivo para garantizar la supervivencia de la especie. Un comportamiento que resultó favorecido y reforzado por la selección natural a lo largo de miles de años.
En el mundo actual, por desgracia, esta particularidad de nuestros cerebros permite que gente sin escrúpulos se llenen los bolsillos a costa de la credulidad y la ingenuidad de otros.
Un sano escepticismo siempre será un escudo útil frente a este tipo de argucias.







Referencias:
 

martes, 10 de enero de 2017

El estado de la autopublicación en 2017

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Traducción al español del artículo «The 2017 State of Self-Publishing» publicado en inglés el 4 de enero de 2017 en el blog Good e-Reader por Mercy Pilkington.
No hay ánimo de plagio, ni de lucro, en esta traducción, sino de respeto y admiración. El artículo me pareció lo bastante interesante como para decidir que merecía la pena traducirlo y ponerlo así al alcance de aquellos amantes de la escritura y la lectura que no dominan la bella lengua de Shakespeare. Espero que ni Mercy Pilkington ni Good e-Reader se enfaden por ello (si alguna vez llegan a saber de mi existencia, claro).
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Han pasado veintidós años desde que Jeff Bezos colocó la primera piedra en Amazon, y doce años desde que su compañía liberó el Kindle al mundo. Sólo tres años más tarde, el gitante del comercio minorista y la publicación lanzó una plataforma que cambió verdaderamente la manera de publicar, para bien o para mal.

De 2007 a 2017, en una evolución a un ritmo alucinante, mucho ha cambiado sobre como comprar y publicar libros, e incluso sobre los métodos de escritura. Podemos dar las gracias a Bezos y a sus amigos por una buena parte de esta innovación, aunque muchas otras compañías tuvieron un papel importante en la configuración del estado actual del mundo de los libros. Nombres como Sourcebooks, Wattpad o Bibliocrunch, por nombrar unos cuantos. Algunos de los grandes nombres en la industria editorial empezaron a usar estrategias similares en un esfuerzo, demasiado a menudo en vano, para mantenerse al día y competir, mientras que otros miraron alrededor buscando lo que todavía faltaba en la industria y produjeron sus propios modelos innovadores.

Pero diez años después de que el primer modelo auténtico de autopublicación viable y a gran escala despegara, ¿hasta dónde hemos llegado realmente? Muchos de los grandes nombres del mundo de la edición y venta independiente de libros cerraron sus puertas este año. Muchas entidades relacionadas con los libros aún se mantienen a distancia de las obras autopublicadas. Las bibliotecas y las librerías siguen siendo el Santo Grial para los autores sin un gran patrocinador. Hace tan sólo cinco días que se publicó en el Huffington Post un artículo titulado «Auto-publicación: un insulto a la palabra escrita», escrito por una autora «real», que no tardó en tener que pedir disculpas por su ignorancia, en medio de amenazas de muerte y de rebajar la clasificación de sus libros.


En enero de cada año, se nos promete que este será el año del cambio, el año en que los libros se normalizarán sin importar quien los escriba o como se publiquen. Se nos asegura que cada modelo de publicación ha producido sus best-sellers y sus porquerías mal editadas y apenas legibles. Se nos dice que por fín se producirá la aceptación plena de la autopublicación, que se subirán al carro un mayor número de autores tradicionales, y que habrá aún más tecnología para equilibrar el sistema. Y al igual que cada año desde 2007, todos seguimos esperando...
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Spanish translation of the article "The 2017 State of Self-Publishing" published in English on January 04, 2017 at August 27, 2015 at Good e-Reader blog page by Mercy Pilkington.
There is no intention of plagiarism, or profit, in this translation, bu of respect and admiration. The article seemed so interesting that I decided it wat worth traslating it and thus make it availablo to those who love writing and reading but do not speak the beautiful language of Shakespeare. I hope that neither Mercy Pilkington nor Good e-Reader get upset about it (if they ever come to know of my existence, of course). 
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jueves, 5 de enero de 2017

El fetichismo en los tiempos de la crisis (relato)


En vísperas de Reyes, que mejor tema para meditar que la intolerable tiranía que nos impone el poderoso caballero don dinero.
Pues llevamos demasiados años sufriendo la inútil, sanguinaria y fantasmal crisis económica  que sacude nuestra civilización. Y lo que todavía nos queda por sufrir puede ser algo inenarrable.
Nos ha obligado a trastocar nuestros valores, tragarnos en seco nuestras repulsas y largar de una patada nuestros sueños y aspiraciones.
Ha trastocado todos los aspectos de nuestras vidas. Incluso aquellos más íntimos y que más reacios somos a confesar.
Aquí tienes de nuevo este relato corto de Juan Nadie que narra, en clave de humor negro (muy negro), como esta maldita crisis puede llegar a cambiar nuestras vidas.
Si pinchas en la portada, podrás leerlo en Wattpad.
Si pinchas aquí podrás bajarte el PDF totalmente gratis.

Que lo disfrutes.

https://www.wattpad.com/story/22375093-el-fetichismo-en-los-tiempos-de-la-crisis

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EL FETICHISMO EN LOS TIEMPOS DE LA CRISIS

Allí estaba ella otra vez, de espaldas a mí, a la espera en la puerta del hotel, como siempre. Desde la garita acristalada a la entrada del parking subterráneo no conseguía verle la cara, pero disfrutaba de una vista magnífica de esas piernas largas y esbeltas. Unas piernas de infarto, siempre enfundadas en unas sedosas medias negras que a la vez mostraban y ocultaban la piel caliente y suave bajo ellas. Una invitación a la caricia, al éxtasis; una insinuación del mundo de placer y lujuria que se escondía entre esas nalgas cinceladas con sublime perfección. La costura posterior de las medias corría a lo largo de las sinuosidades del muslo, se curvaba en el delicioso espacio de la corva, y se arqueaba con sensualidad sobre la pantorrilla, para acabar perdiéndose en el talón de unos pies siempre enfundados en maravillosos zapatos con tacón de aguja.
El vestido variaba de una vez a otra, aunque siempre eran vestidos ceñidos, muy cortos, que mostraban sin ambages la esplendidez de su trasero, la inigualable curva de ánfora de sus caderas. Pero las medias nunca faltaban. Siempre medias negras con costura, perturbadoras y adorables, cubriendo con delicadeza la perfecta armonía de unas piernas perfectas.
Una vez, un día caluroso en el que llevaba una falda plisada deliciosamente corta, se agachó un momento y pude entrever en un fugaz instante el liguero que sujetaba con mimo el encaje de la liga. Tuve una erección casi instantánea, que apretaba desvergonzada contra la bragueta de mis pantalones. Justo en ese momento, un maldito coche se paró al lado de la garita. Lo conducía una señora mayor. La muy torpe estacionó el coche demasiado lejos de mi ventana y no alcanzaba a darme el ticket del aparcamiento. Tuve que salir de la garita y acercarme al vehículo. La vieja se dio cuenta que yo iba con la tienda de campaña puesta, desde luego. No me importó lo más mínimo. Mi mente estaba ocupada por completo con esas medias negras.
No me las podía quitar de la cabeza. Pensaba en esa mujer a todas horas. Ver esas piernas de ensueño enfundadas en sus medias oscuras eran los mejores momentos en este trabajo de mierda como vigilante de aparcamiento; el único que había conseguido desde que me echaron de la oficina.
Ella empezó a aparecer por el hotel poco después de que yo comenzase mi trabajo en la garita. Venía dos o tres veces por semana. Siempre se quedaba allí, a la entrada de la rampa que conducía al aparcamiento, a la espera durante unos minutos. Entonces sacaba el móvil y, tras una corta conversación, se dirigía al interior del hotel. Su indumentaria y sus visitas regulares no dejaban dudas acerca de su profesión. Los clientes del hotel eran en su mayoría hombres de negocios de paso por la ciudad. Tipos que requerían los servicios temporales de mi diosa de las medias negras para mitigar su soledad. A juzgar por los terriblemente caros coches de alquiler del aparcamiento, a esos tipos tenía que salirle la pasta por las orejas. El inaccesible objeto de mis ensoñaciones eróticas debía ser de las caras. 
Siempre se paraba de espaldas a mi garita y ni una sola vez se giró. Un par de veces volvió la cabeza hacia un lado y estuve a punto de ver su perfil, pero nunca llegué a percibir con claridad su rostro. Yo fantaseaba como serían las facciones de la meretriz de mis sueños. Imaginaba unos ojos grandes y oscuros, con voluptuosas pestañas, los labios carnosos e invitadores, maquillados con rojo carmín, quizás un lunar sobre el labio que le daría un puntito de exotismo y picardía. Pero no me importaba. Esas piernas y esas medias negras eran todo lo que yo podía anhelar. Las piernas siempre han sido la parte de las mujeres que más me ha atraído. Unas piernas bonitas y un buen culo y soy feliz. De hecho, las piernas fueron una de las razones por las que me casé con mi mujer.
No podía dejar de sentirme un poco culpable, de experimentar un retortijón de remordimientos. Si Felisa y las niñas supiesen que tenía fantasías eróticas con una prostituta a la que nunca había visto la cara, pensarían que me estaba convirtiendo en un viejo chocho. Incluso a veces, cuando hacía el amor con mi esposa, me sorprendía a mí mismo pensando en la mujer de las medias negras. Claro que en los últimos tiempos las relaciones con Felisa no eran todo lo frecuentes que solían ser; muy a menudo, ella se encontraba cansada y sin ganas.
La odalisca de las medias negras se había marchado hacía ya un buen rato. Imaginé que acudió al mandato de su cliente del día al interior del hotel. Entonces sonó el teléfono de la garita. Una llamada de arriba. De vez en cuando requerían mi ayuda en las cocinas, para transportar algo o descargar algún camión de suministros.
Dejé la barrera del parking levantada y entré en el hotel por la puerta principal, que es la que me pillaba más cerca.
Al entrar en el recibidor me paré en seco. Ella estaba allí, de espaldas a la puerta, hablaba con un tipo elegante y bien trajeado que supuse era el cliente con el que acababa de estar. Las medias negras eran un canto a la belleza femenina en medio de la decoración funcional del vestíbulo. El hombre se despidió de ella con un beso en la mejilla y un apretón en el culo.
Sentí una punzada de celos al pensar que ella había estado con ese tipo. Pero no me importó. Por fin iba a verle la cara, a conocerla. Caminé con deliberada lentitud a través de la pesada moqueta. Quería tener el tiempo suficiente para verla bien de arriba abajo. Ella se llevó la mano al lacio cabello, obviamente una peluca, ajustándoselo sobre los hombros y empezó a girarse hacia donde yo me encontraba. Sentí como el pulso se aceleraba, el corazón desbocado como un corcel. El mágico momento estaba a punto de llegar.
Cuando le vi la cara se me cayó el alma a los pies. Nuestras miradas se cruzaron y el universo se detuvo entre ambos durante unos segundos eternos.
—¿Felisa? ¿Eres tú? —dije con un nudo en la garganta.
—¡Paco! ¿Qué haces tú aquí? ¿Y con ese uniforme?
—Trabajo de vigilante en el aparcamiento.
—¿Y tu trabajo en la gestoría?
—Me echaron hace casi un año. Ya sabes, recorte de plantilla.
—Ahora entiendo lo del préstamo.
—¿Y tú qué demonios haces en este hotel, Felisa, y vestida así?
—De alguna forma hay que pagar la hipoteca y el colegio de las niñas, Paco.
Nos miramos con tristeza durante unos instantes.
—¿Qué hay de cena esta noche? —dije al fin.
—Bacalao al pilpil.
—Bien. Hasta la noche entonces.
 
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© Juan Nadie, Planeta Tierra, 2014
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Ilustración de la portada: fotomontaje del autor.